El muy conocido juez Baltazar Garzón que detuvo a Pinochet entre otros, que aboga por una justicia internacional, ha sido condenado a no poder ejercer más su magisterio…
En La Jornada, un buen resumen de la situación para aquellos que no estén al tanto…
No puedo dudar que haya algo de “persona agria” en Doña Prouhèze al estarse preguntando si el juez español Baltazar Garzón estaba obligado o no a ser totalmente irreprochable…Talvez es por el “mal genio” que haya caído por algo tan banal.
No se trata de que Doña Prouhèze se vuelva la abogada del diablo,- ¡Ni más faltaba! -sino más bien, de una pregunta de esas metafísicas que suele hacerse. ( cf la presentación de este blog o todos los actos irracionales asimilados) .
Igual acá con Baltazar: exigirle una irreprochabilidad intacta y una integridad a prueba de vientos y mareas es una manera de darle credito a la Justicia.
Si bien estoy en desacuerdo con el resultado de la sentencia, (a saber que este hombre lleno de energía no pueda seguir persiguiendo criminales por el mundo), las escuchas ilegales son un hecho comprobado y que no tienen excusa alguna, incluso viniendo de alguien que tenga el noble propósito de reparar a víctimas de varias dictaduras.
Es cierto que su juicio fue político por los intereses económicos que allí se movían, por los enemigos a quién el juez Garzón incomoda tanto, pero la condena tiene razón de ser, y ninguna forma de PC* puede omitirlo.
* Political correctness ( No, no es Partido Comunista …)
Es importante conservar la reflexividad y principios, incluso en casos extremos como este: Baltazar Garzón, es un hombre, y no un tocayo bíblico. En otras palabras Baltazar no es el del trío de los Reyes Magos, es tan solo un humano sometido a la ley de los mortales, a esa ley por la que parece luchar, para que sea la única que se aplique…
¿Hubiera sido simple para él hacer las cosas legalmente? No lo sabremos…a menos de consultar a un brujo…Agrumentos van, argumentos vienen.
Pareciera que no había otra manera de acceder a la información…
La justicia, como muchas construcciones sociales, no son neutras, no son coherentes nisiquiera, y Baltazar, como juez que es, lo sabe, y hubiera podido evitarse ese “error de principiante”, hacer escuchas ilegales….
El podía suponer que cualquier error por mínimo que fuera se lo iban a cobrar caro. Sus errores no son menos “errores” por que el defienda causas consideradas como “nobles” y eso no se ha dicho lo suficiente, creo.
Dos tipos de justicia ¿Cuál elegir?
Acá parecen enfrentarse dos tipos de justicia: la “ojo por ojo” que sería una que con venganza permite restablecer un equilibrio inicial y esta la otra, la más idealista, de los estados -imaginarios- de derecho donde no todo vale, y hay una ley superior, que protege a las personas, donde no hay males menos “peores”, o ”aceptables”.
Espiar, así sea por la buena causa, así sea para condenar a los crímenes económicos de funcionarios que se beneficiaron con el franquismo debería hacerse con leyes de estado de derecho, y no con otras.
No por que él fuera carismático había que permitirle salirse de los aburridos trámites administrativos. Reivindicamos la condición humana y fallible de Baltazar, incluso frente a aquellos que lo consideren un apóstol de la justicia internacional. Se equivocó y lo paga con creces.
Obviamente, se le agradecen enormemente muchas cosas: sobretodo haber detenido a Augusto Pinochet, pero como buen ser humano, tiene sus trapitos. Pero ese agradecimiento no le da crédito para no ser estricto en su actuar. El no es inmaculadamente bueno, e infallible. Tampoco es la alegoría misma de la Justicia Divina que muchos quieren ver.
Por ejemplo, algo de lo que poco se habla de su acción garantizando que la desmovilización de los paramilitares en Colombia como lo muestra el documental Impunity de Hollmann Morris, que de lejos no es la más transparente. Mostrar la complejidad del personaje es sacarlo de la caricatura en la cual esté empantanado en la cabeza de muchos, es imaginar la posibilidad que otros jueces pueden apoderarse de la causa, por que acá no es una cuestión de personas, sino la causa de las víctimas que se debe defender.
El fin no justifica los medios, jamás. Y esa postura filosófica pacifista que debe llevarse hasta su ultimas consecuencias, o en todo caso así lo piensa Dona Prouhèze.
Claro, es exigencia de coherencia y legalismo no es tan fácil como pareciera: no es sentarse a tomar el té con મોહનદાસ કરમચંદ ગાંધી -alias Gandhi-, sino implica actuar con principios, implica oponerse a formas violentas bélicas o no (por ej a las intervenciones armadas que sean Cruzadas del siglo XI o a las guerras humanitarias como la de Libia, Sri Lanka o Irak o incluso Siria por estos dias).
Exigir irreprochabilidad no es solo un principio obligatorio para que la reflexión filosófica sea coherente, sino una necesidad pragmática: poder continuar su acción legalmente y no perder el capital acumulado en la persona de Baltazar Garzón.
Y es acá donde empiezo a imaginar los posibilidades al alcance de Baltazar: ¿Qué tal haberse valido de un periodista? bajo la garantía de la libertad de expresión, hubiera podido argumentar para no tener que revelar sus fuentes y basandose en esto, Baltazar hubiera podido ordenar escuchas legales…. tal vez…
Baltazar no es un rey, y para su desgracia no es un periodista, es miserablemente un juez internacional, y el estado de derecho lo pone en posición de responsabilidad máxima.
Serge Klarsfeld -apodado el cazador de Nazis-, tenía una obsesión similar a la de Baltazar, y en otro contexto se las arreglo para mandarle a alguna de sus presas una carta bomba…Su acción que recordemos, es tecnicamente ilegal, da un fresquito para las víctimas, ese pequeño placer de la venganza. Es lo que llamo la justicia del ojo por ojo.
Pero parece que la modernidad y los derechos humanos son otra cosa que una justicia del “ojo por ojo”. Al contrario, los jueces pretenden que vayamos a una justicia mas racional, la del “estado de derecho”. Por esto, es más difícil aceptar una actuación ilegal de un juez, de quien esperamos que nos lleve por el camino de la justicia de un estado de derecho.
Muchos comentaristas se han indignado, como Doña Prouhèze, pero por razones distintas, por las razones del “ojo por ojo” por que veían en Baltazar a quien vengara a muchas víctimas. Nos escandalizamos desde las entrañas, por que se aplicó el “ojo por ojo” a Baltazar y por que él ya no podrá hacerlo en España.
¿Qué concluir entonces?
La lección para los abogados de las grandes causas es tan simple como no olvidar que estamos en el mundo del ojo por ojo. Ser irreprochables a toda costa es una garantía para capitalizar el saber y la acción en una misma persona.
El principio es tan simple que pareciera innecesario decirlo en voz alta, pero vale la pena recordarlo: ¿Con qué autoridad condenar las Chuzadas en Colombia y las escuchas recientes al periodista de le Monde, Gérard Davet, y no indignarse con las escuchas ilegales de Baltazar?
Creo profundamente que el compromiso de abodagos como él, debe ser con la justicia y no con la venganza. El ya no podrá ocuparse de esclarecer los crímenes del franquismo. Ahora, queda esperar, que otros más prudentes pero igualmente comprometidos con la justicia, recuerden siempre con humildad, al hacer su trabajo que están por debajo, y no por encima, de las leyes.
¿“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”? No, asi no funciona nuestro mundo, y por eso es creible que Jesús (un dios y no un humano) se le hubiera ocurrido semejante barbaridad. Aca abajo en este mundo las cosas funcionan con cinismo y realpolitik. Mejor que el evangelio, esta vitrina parisina plasma mejor la idea::
“¡Inocentes de todos los países ahóguense!”
(“Innocents de tous les pays, sabordez vous”).
Y la ley talvez venga a apaciguar un poco este cinismo, sin lograrlo del todo.


